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16 Agosto 2017

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Historia Personal

Enrique Van Rysselberghe

Avanza sin perder jamás el horizonte

Miembro de una familia con genes políticos, deportista, afable y líder juvenil. Este ingeniero comercial y concejal por Concepción, dice: “Yo he tratado de colocar el foco en Cristo”. - Por Cecilia Díaz R. –

El Sur – Concepción, 27 de enero de 2008. (…) tiene cara de niño, de uno bonachón que se ha fijado como meta estar cerca de la comunidad en tiempo de paz como él llama a la época no eleccionaria. Es Enrique III, integrante de una saga en que hombres y mujeres se han destacado en política.

Su primer nombre es Max, en honor de su bisabuelo que zarpó desde Bélgica en una embarcación científica que vivió mil pericias en la Antártica antes de llegar a puerto… desde niño lo han llamado Enrique, por su segundo nombre. Así ingresó al servicio público, algo que le gusta tanto “como me gusta hacer clases o me gustaba jugar básquetbol”, y por el entusiasmo con que habla, no caben muchas dudas.

El Primer Varón

Nació a las dos de la madrugada del 17 de septiembre de 1976 en el Sanatorio Alemán de Concepción. Cuenta que, según la historia familiar, su madre Norma Herrera Caire, le dijo al arquitecto y ex diputado Enrique van Rysselberghe Varela “Enrique, aquí tienes a tu varón, tarea cumplida”.El matrimonio antes había tenido tres mujeres: Jacqueline (la Alcaldesa penquista), Michelle y Karen, quienes en la actualidad residen en Linares.

Considerando el resto de la familia, su tío Javier van Rysselberghe sólo tuvo niñitas y los otros primos eran hijos de sus tías Astrid e Ivonne.En todo caso, después de Enrique nació Cristian, su hermano tres años menor y compinche con quién ha compartido múltiples experiencias, algunas no tan buenas como un accidente que casi les costó la vida.

Niño Garabatero

En Manantiales con O’Higgins, muy cerca del Estadio Español de Chiguayante, vivieron su infancia los Van Rysselberghe. Crecieron en una casa construida por su padre arquitecto y que tenía conexiones con las residencias de la abuela Julieta Varela y de los tíos, “todos vivíamos por ahí, excepto la tía Astrid que vivía en Lonco” cuenta el concejal.

En sus primeros años de infancia por el ambiente femenino que lo rodeaba, se entretenía con historias que inventaba su profusa imaginación y con los maestros de la construcción que solían hacer trabajos en la casa de la abuela.

El pequeño Enrique actuaba de intermediario entre los trabajadores y las nanas del sector. Así aprendió el vocabulario picaresco que generaba risas en boca de este “niñito bien”.

Tanta osadía tuvo un costo. Cuenta que una tía del jardín Caperucita Roja le lavó la boca con jabón después de escucharle alguna palabrota. Él jamás se olvidó de la lección.

Además de un tanto garabatero, Enrique reconoce que le gustaba llamar la atención. Como era “centrito de mesa” se encargaba de espantarles los pololos a sus hermanas mayores de una forma que hoy ni se atreve a confesar, “era muy poco elegante”.

Sí cuenta que su casa tenía varios desniveles y que cuando sus hermanas hacían fiestas él se iba al lugar más alto para amenazar con tirarse, “todas las niñas me iban a pedir que no lo hiciera”. No cabe duda que tuvo una infancia feliz.

Basquetbolista Nato

Pronto dejó la tranquilidad de su casa y de los patios familiares conectados para hacer vida de barrio. Junto a amigos del sector como los Trucco, Sipos, Fabjanovic, Valencia y Núñez se entretenía haciendo clubes en los cerros y tocando timbres de puerta en puerta.

Estudiaba en la Alianza Francesa, donde hasta séptimo básico no tuvo un desempeño notable. En octavo entendió que para entrar en la universidad debía dedicarse a los estudios. Se puso aplicado y sus notas subieron ostensiblemente.

Pero el colegio no concentraba todas sus energías. Se dedicó con ahínco a los deportes, corría, jugaba fútbol y sobre todo practicaba básquetbol. Comenzó en el lugar que juegan los altos “porque di el estirón antes” y terminó en el puesto de los bajos.

El club de sus amores fue Estadio Español, pero también defendió las camisetas de la Alianza Francesa, Petrox, Universidad de Concepción, Italiano y Penco. Una lesión en la rodilla izquierda –no podía ser en la otra- lo alejaron de las canchas.

De esta etapa hoy destaca la influencia del entrenador Ernesto Mahn y el haber conocido diversas ciudades del país.

Experiencia Extrema

Después de la lesión, retomó el baloncesto, pero pronto debió dejarlo de forma definitiva debido a un grave accidente de tránsito.

Cuenta que el 25 de diciembre de 1995, en la calle Enrique van Rysselberghe Martínez y cuando regresaba junto a su hermano Cristian de arrendar una película (EL Hombre sin rostro) “chocamos contra un muro de contención en un escarabajo blanco”.

Tres meses en cama y un cambio radical en su enfoque de la vida fueron los resultados del accidente. Enrique, gracias a esta experiencia extrema, se acercó intensamente a la religión. Por esos años cayó, como dice él, en las redes del Movimiento de Schoenstatt por lo que confiesa, “tengo una alianza de amor con la Virgen”.

Hoy no duda en recurrir a la fe para explicarse muchas cosas de la vida y darle un sentido a su acción. Tanto es su compromiso que en alguna oportunidad ayudó a administrar la comunión en la Iglesia Catedral y no tiene problemas en agregar versículos en sus impresos propagandísticos y tener una sección dedicada a la fe en su página web.

Tiempos Universitarios

En 1995, Enrique optó por ingresar a estudiar Ingeniería Comercial en la UDD.

Desde el primer año se destacó en lo académico y, estando en tercer año, echó a andar los primeros trabajos de verano de esta universidad. Realizó algunas ayudantías y al egresar, y después de medio año de cesantía, fue contratado por la casa de estudios, donde también cursó un MBA.

Partió como co-docente de Pablo Piñera, “el hacía las clases entretenidas y yo daba la lata teórica”. Ha ejercido cargos directivos en la UDD, y fue profesor ayudante en cátedras dictadas por Tomás Flores y Joaquín Lavín.

Hoy es Director de Relaciones Empresariales del Instituto Profesional Providencia y Director de la RED Internacional de Empresas PAEX de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad del Desarrollo, cargos a través de los cuales busca, por una parte, desarrollar la red de contactos del instituto para ayudarles a los jóvenes a buscar empleo, y por otra, potenciar la competitividad de las empresas.

Además, Enrique tiene un programa en la radio Femenina de Concepción, todos los sábados a las 12:30, llamado “El que la sigue la consigue”, tendiente a transmitir su experiencia a los desempleados. En el espacio pretende entregar algunas claves para que los cesantes cambien la actitud al momento de buscar un trabajo, y eliminen ciertas conductas que complican el cometido.

Para Enrique resulta clave ser capaz de “construir puentes”: usar sus contactos y experiencias para beneficiar a otros. Y todo sin perder su norte: “Busca primero el Reino de Dios, que lo demás se dará por añadidura”. No por nada este concejal en algún momento de su vida pensó seguir la vocación religiosa, instado por su amigo sacerdote José Luis Correa Lira.

“Aló, Le habla el Concejal…”

Reconoce que sentía la apatía habitual de los jóvenes por la política. Y así, debía lidiar con presiones de muchos que le pedían que incursionara. Cuando se decido ingresar a este terreno, ayudó a su hermana en la campaña.En el año 2004 se presentó él como candidato a concejal y obtuvo 28 mil 150 votos. Con ese respaldo, dice, “me podría haber relajado y haber esperado la siguiente elección”. Pero no. Decidió que debía hacer su aporte y se autodefinió como político cercano y accesible. Da sus números de teléfono a todos y asegura que contesta en tiempos de paz y de elecciones. Cada día se dedica a llamar a vecinos de Concepción simplemente para saludarlos por su cumpleaños, onomástico, o lo que sea. De paso se entera si un servicio no funciona bien o los electores tienen alguna inquietud. En su oficina de concejal se ha preocupado de poner ciertos elementos lúdicos, como un teléfono en forma de Pluto, que descoloca y genera reacciones positivas en el público.

Sobre la competencia, da gracias a Dios –como muchas veces dijo durante la entrevista- de que exista, porque “ayuda a no dormirse en los laureles”.

Reconoce que le han hecho algunas zancadillas, que cuando partió lo acusaron de no saber nada y de querer capitalizar el prestigio de su abuelo. El dice que prefiere dar señales amistosas a sus adversarios. Enfatiza: “Los obstáculos son esas cosas que uno ve cuando saca los ojos de la meta”.

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